Ávila

Cruz de Hierro, por Aldeavieja

Longitud: 5,4 km
Altitud: 1474 m
Desnivel: 261 m
Porcentaje: 4,83 %
Coeficiente: 37

Localización: En la carretera N-110 que une Ávila con Villacastín, cerca de este último, está la localidad de Aldeavieja, o Santa María del Cubillo. De esta misma localidad parte la carretera AV-501, que es la que debemos coger para subir el puerto de la Cruz de Hierro.

Especificaciones: Carretera rugosa, pero en buen estado, algo estropeada al principio de la subida por la cantera y el tráfico pesado que aguanta. Señalización horizontal en los laterales.

Fuentes: No se apreciaron. Seguro que en Aldeavieja encontramos alguna.

Cruz de Hierro

Descripción: El puerto de la Cruz de Hierro por su emplazamiento está un poco a desmano de lo que esperamos de la provincia de Ávila, que es básicamente Gredos y su gran cantidad de puertos y subidas, pero es un puerto curioso, y, con el enlace hasta el Parque Eólico de Ojos Albos, del que otro día hablaremos, un puerto digno de ir a conocer.

La vertiente oeste que presentamos hoy parte de la localidad de Aldeavieja, o Santa María del Cubillo, y es a la salida de la localidad donde vamos a encontrar las rampas mas duras, nunca por encima del ocho por ciento, aquí no hay rampones, para completar un kilómetro completo por encima del seis, justo hasta la altura de la gran cantera que domina la primera parte de esta subida. Tras esta primera parte la carretera continua bordeando la montaña siempre bajo la mirada de los inmensos molinos de viento que coronan toda la serranía de Ojos Albos. La ventaja de estos parques eólico, si desde el punto de vista cicloturista hablamos, es la posibilidad de encontrar nuevas rutas o de encontrar que lo que antes era camino se ha asfaltado debido a los molinos. Pero, como decía antes, otro día completaremos la Cruz de Hierro con el Parque Eólico de Ojos Albos, hoy concluiremos nuestro puerto suavemente, rondando siempre el cinco por ciento en los últimos kms, para asomarnos, desde su cima a la otra parte de la montaña, donde el embalse de Serones, sobre el río Voltoya, nos saluda en la lejanía.